Por Nicolás Álvarez Moya.-

De su facebook.-

No formo parte de ninguna agrupación porque me decepcioné hasta el hartazgo del pueblo uruguayo. He participado y organizado diferentes luchas contra los abusos del poder, y he confirmado incansablemente que no tenemos entre nuestra población masa crítica que pueda empujar ésta tierra hacia horizontes mejores. No al menos en la situación actual.

 

Creo que éste es un país de mentira,  solo existe en los papeles, que ha dejado huérfana a su población que cada día vive en peores condiciones. Éste es un invento de Gran Bretaña porque le servía tener un estado pequeño y dependiente fácil de manejar en medio de dos colosos. Un país hecho en un cuarto en Río de Janeiro, donde estaban sentados Gran Bretaña, Argentina y Brasil. Ni siquiera fuimos invitados a esa mesa. Ahí, a lo lejos, en un cuarto, sellaron nuestro destino,  sin nosotros presentes. Indigno pero cierto. Y el comienzo de las cosas marca el destino de esas cosas. Éste no ha sido un país con una población en la calle luchando por su destino, sino aristócratas sentados alrededor de una mesa decidiendo el destino del pueblo. Y el pueblo acatando.

 

Uruguay es una construcción masónica. Y ahí nuestra naturaleza elitista material y anti cristiana que nos empuja irremediablemente al infierno como pueblo.

 

Un sistema político corrupto y entreguista, que como el grueso de la población, solo busca su propio salvataje económico. Lo único que les importa es hacer más dinero para sí,  y por la plata la gente traiciona hasta su propia sangre. Ya no creo en nadie. Y menos en los que se erigen como salvadores orejanos.

 

Por eso me preocupo de los míos: de la familia que he levantado. Y a Dios nos encomendamos.

 

Y comunico lo que pienso porque sé que a unos pocos les hace bien. Y me da gusto hacerlo, pero ya no entrego mi vida a esa labor.

 

La Libertad no existe, como tampoco existe la Democracia. Solo rendijas por donde podemos colar alguno de nuestros deseos.

 

Latinoamérica nació rota, porque fue el deseo de las élites extranjeras crear una división territorial en parcelas pobres y dependientes, incapaces de desarrollarse, quebrando la unidad del imperio español y la unidad cristiana. La élite económica necesitaba todo esto para conquistar y prevalecer. Desde la reforma protestante y Lutero bancado por los príncipes alemanes. Más tarde la masonería y sus tentáculos en todo el mundo. La Revolución Francesa y la instalación como norma de las «democracias liberales» actuales donde los aristócratas pudieron asaltar el poder y bajo el imperio de las leyes que ellos escriben tener la legitimidad para hacer lo que han querido con la población mundial. La lucha por la acumulación de poder y dinero se ha convertido la historia del hombre los últimos siglos. Y gracias al avance de la tecnología, la élite más poderosa del mundo está acaparando un poder ilimitado que solo nos está llevando a la autodestrucción inminente.

 

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