El 8 de abril de 2020 la secretaria general de la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM-TEP), Elbia Pereira, manifestó su sorpresa ante el anuncio oficial de que las clases escolares se reiniciarían el miércoles 22 de abril en las escuelas rurales. La representante de los docentes sostuvo en «Visión nocturna» (1050 AM) que retomar las clases mientras en paralelo se sigue insistiendo en que “hay que profundizar el aislamiento social” es un “contrasentido”, además de significar un foco de riesgo de contagio para todos los involucrados.

Ahora, luego de casi un año de virtualidad, el presidente de la ANEP Robert Silva anuncia el inicio obligatorio de clases. Y aunque debería ser una gran noticia, la Gata Flora vuelve a marcar la cancha diciendo en entrevista a Montevideo Portal que «La obligatoriedad en la educación debió estar siempre, lo que no quiere decir que deba ser presencial».

A menos de un mes del anuncio y en medio de un rebrote de casos de Covid-19, el presidente de la República dio marcha atrás con la obligatoriedad en la enseñanza. Por ahora la eterna inconforme secretaría de la Federación Uruguaya de Magisterio, Elbia Pereira no ha cuestionado la medida. Esta vez parece estar acorde con sus deseos de convertir la escuela vareliana en un servicio virtual al que en su gran mayoría los docentes no están preparados.

Los argumentos para la virtualidad docente en las escuelas va de la mano del riesgo sanitario que es genuino, pero que se contradice al ser un gremio donde el 40% de los maestros no se agendó para vacunarse.

El 15 de diciembre pasado Unicef exhortó a todos los maestros del mundo a vacunarse. Los maestros deben tener prioridad en la vacunación contra la COVID-19, había declarado en Nueva York la Directora Ejecutiva de UNICEF Henrietta Fore: «La pandemia de COVID-19 ha causado estragos en la enseñanza de los niños de todo el mundo. La vacunación de los maestros es una medida fundamental para que vuelvan a estudiar de nuevo. En su punto álgido, a finales de abril de 2020, el cierre de las escuelas interrumpió el aprendizaje de casi el 90% de los estudiantes de todo el mundo. Si bien la cifra ha disminuido desde entonces, algunos siguen suponiendo sin fundamento que el cierre de las escuelas puede frenar la propagación de la enfermedad, a pesar de que cada vez hay más pruebas que indican que las escuelas no son el principal foco de transmisión en la comunidad. Debido a esta suposición, a medida que los casos se están disparando en muchos países del mundo, las comunidades están cerrando de nuevo las escuelas. Hasta el 1 de diciembre, las escuelas de 1 de cada 5 alumnos en el mundo estaban cerradas, lo que constituye 320 millones de niños.»

En nuestro país y en todos los países emergentes, la vuelta a la virtualidad ensancha la brecha entre quienes puede aprovechar la tecnología y desarrollar su enseñanza a un nivel casi presencial y quienes aún con los grandes avances en la inclusión informática escolar están a distancias siderales de poder aprender a un ritmo aceptable, sin relegar otro año escolar perdido.

No es un capricho volver a la presencialidad en la enseñanza, es sin dudas una obligación como Estado democrático. UNICEF pide que se dé prioridad a los maestros en la vacunación contra la COVID-19, una vez que se haya vacunado al personal de salud de primera línea y a las poblaciones de alto riesgo. Esto contribuirá a proteger a los maestros contra el virus, les permitirá enseñar en persona y, en última instancia, servirá para mantener las escuelas abiertas.

“Aunque las decisiones sobre la distribución de las vacunas recaen en último término en los gobiernos, las consecuencias de una falta prolongada de aprendizaje, o su deterioro, son abrumadoras, especialmente para los más marginados. Cuanto más tiempo permanezcan los niños fuera de la escuela, menos probable es que regresen a ella, y más difícil será para sus progenitores reanudar su trabajo”, había dicho Henrietta Fore en diciembre pasado.

Muy alejado de las intenciones del gremio de maestros y de su secretaria Elbia Pereira.

A esta altura no sabemos si quieren cuidarse del Covid, cuidar a los alumnos o seguir en un eterno sistema de enseñanza virtual donde la carga horaria de trabajo cae significativamente.

En su cuenta del pajarito Elbia Pereira, el 3 de marzo retweetió: “¡Este 8M todas las maestras y funcionarias a todas las calles!”

¡Fantástico Elbia!, usted es un ejemplo de responsable comportamiento ciudadano.

Mientras propaga el virus en marchas multitudinarias, ni media campaña por la promoción de la vacuna. Eso sí, no votemos la LUC y si es posible, trabajemos menos, aunque con eso logremos que los niños de contexto crítico ensanchen su brecha social.

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