Por Roberto Martín Robles Méndez.-

Por aquellos grandes amigos con los que ya no volveré a compartir charlas en viejos boliches de vinos y guitarras, por aquellas personas de bien que se marcharon y que nos dejaron amarguras y dolor en el alma.
Porque la soledad ya no duele tanto y porque algún día sepamos mitigarla.
Porque cuando todo pase y porque cuando llegue el día… el mundo y la humanidad seamos una sola palabra «amor«.
Y cuando en el amanecer de algún mañana la pesadilla acabe… todos unidos sin fronteras gritaremos que aún seguimos soñando, amando, cantando y viviendo en un planeta limpio, puro y sin traiciones, sin rencores, sin dolor, abrazando estrellas de Seres Queridos que se nos fueron lejos y que nos siguen iluminado con el brillo de su infinita bondad divina.
¡Juntos venceremos! ¡Nada nos podrá doblegar! ¡Somos una raza indestructible que vuela libre y alto como el Cóndor sobre los Andes!

Alto muy alto, allá, más allá… sobre las nubes.

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